Pasen y vean

lunes, 23 de septiembre de 2013

La amistad.

Grito, me enfado, lloro, chillo, golpeo, grito, y cuando acabo, digo: voy a contarle todo a mi mejor amiga ahora mismo. Cojo el móvil. Me doy cuenta de que no está. Y ahora qué. Ahora nada. Volvemos a intentarlo. Volvemos a joderlo. Primero tú. Luego yo. Ambas. Y yo me pregunto, después de tantas veces ¿por qué sigo echándote de menos? ¿por qué sigues siendo irremplazable? ¿el tiempo lo cura todo? Venga, el tiempo no cura nada, ni amistades pasadas, ni heridas, ni cortes.

Saliamos a la calle, nos hacíamos fotos, nos reíamos, cantábamos, bailábamos, llegábamos a casa, nos tirábamos cojines, reventábamos botellas de coca-cola, éramos unas crías. Llegaba la noche, nos sentábamos en la cama, nos reíamos, nos desahogábamos, y cuéntame, por qué conozco cientos de personas y en ninguna confío como confiaba en ti. Bueno no, cuéntame, por qué sigo confiando de esa manera en ti si ya no hay nada. Podría confiarte mi vida aunque nos odiásemos a muerte. Si eso no es un vínculo de hermanas, no sé qué más puede serlo.

Simplemente, cada vez que algo va mal, me abrazo a la almohada y espero salir a la calle y encontrarte en mi puerta dispuesta a gritar por cualquier sitio a mi lado. Juntas. Con ese vínculo que nunca, nunca podré superar.

martes, 3 de septiembre de 2013

Historia de un problema mental.

#np Coming home-A7X.

Me quedo sentada en la parada, empieza a hacer mucho calor y deseo que venga ya mi autobús. Tras muchos minutos esperando, más de 30, enfadada me subo.

Me siento sola, en el asiento más cercano al conductor, cosa que no suelo hacer, pero por qué no, hay menos gente. Miro a través de la ventana y veo que el autobús para en medio de un paso de cebra, pisándolo, me pregunto por qué lo hace, no debería, aunque le doy vueltas, dejo la decisión al conductor.

Un silencio rígido y apoyado por toda la gente de mi alrededor cubre el lugar. Echo una mirada a la carretera y veo una rotonda llena de trozos de neumático y más piezas de coches, trozos de ropa también, empiezo a pensar en lo que puede haber pasado y me concentro solo en inventarme una historia afín a ese desastre, no contenta con inventarme una historia y meter en ella a personas que ni conozco ni se lo merecen, me invento también sus sentimientos, su vida, y lo que les llevó a acabar allí, en esa rotonda.

El autobús sigue y empiezo a tocar el asiento de al lado, está suave, es muy cómodo, pienso en que quién lo hizo tenía muy buen gusto y que se lo agradezco, me pregunto dónde se fabricó la tela, quién decidió los colores... me doy cuenta de que me estoy fijando en algo estúpido, así que lo olvido.

Entramos en la dárcena de autobuses donde el mío empieza a acelerar quizá más de la cuenta, dos fallos en un solo viaje pienso, decido disfrutarlo cerrando los ojos, me imagino volando, sin gravedad, paso por encima de las cabezas de demasiada gente, entre ellas unas personas que acabaron chocándose en una rotonda.

Cuando llego a mi destino lo único que se me ocurre pensar al bajar las escaleras es un: "cuándo te dije que los detalles eran importantes en mi vida, era porque no sé fijarme en otra cosa".

Fin.


Condicionales

Me gustaría besarte a la sombra de las palmeras, a la orilla de las mareas, con la sal en los labios, me gustaría cuidarte, proteger cad...