martes, 28 de octubre de 2014

Sonrisas y parábolas


La sonrisa de ir contracorriente y ser feliz por ello. Una sonrisa que contenía todo tipo de ilusiones, de sueños cumplidos, no era una sonrisa de felicidad, era una sonrisa de esas de oreja a oreja que te achata los ojos hasta cerrarlos completamente, una sonrisa adictiva que podía encadenar a cualquiera que la viese cerca suya, no encadenaba exactamente, era algo más allá de todo eso, tenía una magia imposible de superar, era una sonrisa que llenaba vasos medio vacíos y arreglaba vasos rotos, una sonrisa que llenaba las medias lunas hasta convertirlas en llenas, tapaba el sol como el más precioso de los eclipses, borraba las nubes como si estuviesen pintadas con lápiz y él tuviese una goma de borrar, hacía crecer flores en los peores inviernos, en las llanuras menos fértiles. Era una sonrisa que enamoraba a los sin corazón y podía devolver la vista al más ciego de todos solo con verla aparecer al otro lado de la cama una mañana de domingo. Era simplemente una sonrisa que arrancaba los pinchos de las rosas y rosaba las grises flores marchitas.

Tengo esa sonrisa tuya guardada junto a la mía dentro de una cajita diminuta en mi cabeza por si acaso algún día quieres volver a darlas vida. O darme vida a mí.

jueves, 16 de octubre de 2014

Tú, pretérito perfecto simple

#np Extrema debilidad - Supersubmarina.

Dijimos que veríamos muchos atardeceres juntos, que contaríamos miles de estrellas como cicatrices perpetuas e intermitentes en el cielo, que aquel atardecer no sería el último.
Recuerdo prometer que aquella felicidad estúpida y repentina duraría tanto como nos propusiésemos durar nosotros, como el navegante y el faro de la isla que se necesitan continuamente.
Aquella tarde en la que pasó todo y a la vez nada, aquel momento en el que fuimos una única persona en dos cuerpos, aquel momento inolvidable e irrepetible (que por lo menos me hace saber que te guste o no vas a recordarme aunque sea levemente siempre), aquel momento también estuvimos seguros de que lo repetiríamos.
Recuerdo querer repetir aquella sensación todos los días de mi vida, o aunque fuese unos meses más, que contigo hubiesen contado como una vida entera, diferente a la que tenia antes de conocerte y diferente a la que tengo después de ti. Tan diferente la vida que me dabas tú que hasta los cafés me saben amargos y ya no se me queda el azúcar en los labios.
Dijimos que haríamos tantas cosas, que soñaríamos juntos tantas veces, fuimos tan transparentes, llegamos a confiar tanto, fue una operación a corazón abierto.
Ahora simplemente son verbos en pasado, en un pasado cerrado, que nunca volverá a tener su momento, que nunca volverá a tener un presente, que nos quedamos con la miel en los labios pero sin labios, quiero decir, sin azúcar en los labios, sin cosas que prometernos. Ya me entiendes.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Quince de febrero y otras cosas

#np Coming down - FFDP.

Nos pasamos la mayoría del tiempo diciendo que estamos solos, o más bien pensándolo, aunque en realidad sabemos que no es así, cuando decimos que estamos solos más bien nos referimos a que nos falta alguien, tal vez un familiar cercano, un amigo o simplemente alguien que pensábamos que nunca se iría y nos volcamos tanto en él que ahora que no está nos sentimos solos. Esa es la soledad a la que siempre nos referimos, y no a la soledad de no tener a nadie... 


De pequeñas jugábamos con muñecas y nos peleábamos por quién se quedaba con el chico, se lo decíamos a nuestras madres pero luego nos daban chuches y se nos pasaba porque acabábamos compartiéndolas. Nos metíamos en su habitación o en la mía y nos tirábamos horas y horas sin oir a nadie más que a nuestros juguetes hablando entre sí. Con la edad eso fue cambiando, pasamos de primaria a la ESO, pero algunas cosas seguían igual, seguíamos tirándonos horas y horas la una en la habitación de la otra, pero ya no hablaban nuestras muñecas sino nosotras mismas, quejándonos de que nos gustaba un chico que se mandaba notitas con otra y contándonos lo que nos gustaría hacer en el futuro juntas. Una de las cosas que más envidio de esas épocas era lo fácil que era estar bien, por mucho que te pasase era tan sencillo como poner música en la radio y saltar como locas, bailando, riéndonos, y olvidando todo lo que pasaba fuera de casa. Y claro, nos seguimos haciendo mayores, pasamos de la ESO a bachillerato, y nuestros caminos se separaron. Nuestros carácteres siempre habian chocado a veces más a veces menos, pero eso es lo que hacía que nuestra amistad hubiese durado desde pequeñas, porque no era amistad, eran continuas peleas y perdones de dos hermanas que siempre estaban la una para la otra. Envidio esos tiempos, porque ahora que tengo problemas más allá de un 8 en mates o un parte leve, y ahora con poner música y bailar no soluciono nada, además ahora ella está en su habitación y yo en la mía, y no tengo a quien ensuciarle el suelo de coca-cola.