domingo, 9 de agosto de 2015

De lo que ojalá fuese verdad

"de ella me gusta lo que no se da cuenta que yo aprecio, por ejemplo cuando está dormida y se aparta el pelo, como si de un telón se tratase y lo de detrás fuese una obra, pero no una de teatro, sino una de arte.
Le digo que aunque no sepa decírselo con mejores palabras, me encanta cada gesto que hace antes y después de besarme, le pregunto que por qué sonríe mientras me besa si solo está besando a alguien roto por dentro y me contesta que no le importa, y me hace feliz porque ella sin saberlo está arreglándome.
Cuando me pide que le diga lo que siento empiezo a tartamudear como si el público me estuviese exigiendo demasiado pero nada más lejos de la realidad, simplemente el don de la palabra se lo quedó todo ella, y yo aunque lo intente solo sé decirle que la quiero.
Y sí, la quiero, alguna vez llegué a dudarlo porque el miedo me dijo ¿estás preparado? y yo no supe responderle, pero sí, no sé si más de lo que puedo controlar o menos de lo que se merece que la quieran, el caso es que no sé cómo contarle que la vida se me va como río que desemboca en un mar cada vez que me besa y sigo el curso que hace su boca hacia el paraíso, de verdad que llevo perdido tanto tiempo en su mundo que el mío me parece de cartón.
Ojalá estuviese a la altura de la circunstancias y así desde arriba ver el paisaje, y aunque todo esto me aterra, creo que desde que la vi con tacones perdí el miedo a las alturas"

y todo esto me imaginé yo que estaría pensando cuando me dijo que me quería, pero al día siguiente parecía ser de hielo así que por si algún día me quiere de verdad prefiero congelar lo que en mis sueños me cuenta
(por si algún día son verdad)

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